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sábado, 6 de agosto de 2011

PRINCESA


Está sentada en la terraza; quieta, muy quieta. Los ojos cerrados, el cuerpo inerte; sólo el movimiento rítmico de su pecho indica que allí hay vida.
Un camisón de color claro, fresco, acorde con las altas temperaturas del estío,  cubre su cuerpo hasta unos pies huesudos y descalzos,  que apoya en un taburete.
En una de sus manos un vaso con agua. La otra, con el puño cerrado, descansa en su regazo.
Tiene el semblante sereno, aunque cansado. Los rasgos de la cara, relajados, denotan el paso de los años,  aunque el rostro conserve una belleza que sin duda existió. Parece que el tiempo se ha parado.
De momento ve un fogonazo y,  una sucesión de imágenes pasa delante de sus ojos que aún siguen cerrados.
 Una niña pequeña corretea por el patio de casa buscando a su mamá. Lleva un vestido blanco almidonado, calcetines calados y un sombrerito de rafia. Tiene una cara redondita y regordeta;  un color rosáceo tiñe y arrebola sus mofletes.
Al fondo,  aparece un hombre joven con amplia sonrisa,  que extendiendo sus brazos la iza y le hace dar vueltas como un carrusel.
-¡Mi princesa, mi querida y preciosa princesa!
Siempre la llamaba así.
Que ironía. Maldita palabra, Princesa - que la marcaría toda su vida. Su vida que en un afán de la perfección física basada en la delgadez, se centró en pertenecer al grupo de  Anas y Mías.
Así se llaman a sí mismas, las princesas que para serlo, recurren a la anorexia, Anas y a la bulimia, Mías.
Son como una secta; con sus normas, sus pautas de comportamiento, de estilo de vida, con el objetivo común de no comer para estar delgada y maravillosa.
Una espiral en que se había metido y no sabía cómo salir, incluso no sabía si quería salir.
Siempre mintiendo, siempre utilizando argucia para no ser descubierta. Durante años todas sus energías se encauzaban en estar delgada. Ni estudios, ni trabajo, ni aficiones, ni amistades, ni novio; nada era lo suficientemente importante como para distraerla de su objetivo.
Se le había caído el cabello, dejó de tener el periodo menstrual, su piel había perdido suavidad, brillo y tersura, sus ojos dejaron de tener vida. Hasta su sonrisa se vio anulada por las infecciones que  habían anidado en sus encías.
Sus padres convirtieron su vida en un combate con ella. Un cuerpo a cuerpo que dañó e hirió de muerte el cariño y amistad que les había unido. Envejecieron en esa lucha y la sonrisa y el brillo de sus ojos también se apagó.
Entradas y salida de hospitales, centros de rehabilitación...
Lágrimas, promesas y mentiras, muchas mentiras.
Y todo eso para nada; seguía viéndose mal, nunca se vio como lo que quería ser, una princesa.
Está cansada, muy cansada, no tiene ganas de seguir, no le quedan fuerzas...
Abre la mano que reposa en el regazo, y se mete con un golpe de mano y de cabeza, todas las pastillas que escondía. Pastillas de todos los colores, formas y tamaños.
Bebe el agua que llena el vaso y traga con dificultad las grageas.
Cierra nuevamente los ojos... Una sonrisa que acaba en una risa nerviosa y sarcástica:
-¡Ahora sí te vas a quedar delgada!

12 comentarios:

CORDOBESA dijo...

Hola Maru, estoy de vacaciones, pero me he asomado a ver las actualizaciones de los amigos, y tengo que decirte que esta entrada tuya me ha dejado un poco tocada. Conozco bien el problema, la hija de una buena amiga lleva años luchando con esta enfermedad, y se lo dura que es.
Espero que entes pasando un agradable verano, aquí en Córdoba este año no esta siendo demasiado caluro.
Te dejo un abrazo querida amiga

Tia Lelé dijo...

Hola Maru. Qué temazo has desarrollado hoy! No puedo ni siquiera imaginarme lo que debe ser pelear con esa enfermedad.Un besote.-

javier dijo...

mi padre tenía por cliente una eminecia en el trato de niñas con esta enfermedad, es siquiatra, titular de cátedra y grandísima persona que emana paz con sólo verla. Estas terribles enfermedades, casi siempre son niñas , se las trata aumentando su estima y con mucho tacto. Su enfermedad tarda años en llevarse bien y muchas veces no se cura, pero es llevadera

javier dijo...

si Maru, son mios, siempre que cuelgo algo y no pongo su autor, es que es mio. Procuro no poner trabajos terminados, por aquello de mantener el principio de propiedad, que pierdes cuando expones algo en internet.
Un beso

María dijo...

Ayer, me asaltaron y no me dio tiempo a dejarte nada aquí cielo...

Sabes cómo pienso sobre esto. Sabes el muchísimo coraje que me da la forma tan fácil que tienen algunos de manipular, usar, estrangular y destrozar a los niños... en este tema más a las niñas aun cuando también hay del género masculino aquejados de este mal.

Niñas, que abducidas por esta sociedad de consumo en la que el culto al cuerpo invade las pocas neuronas que funcionan, olvidando los límites, la cordura y todo lo medianamente razonable... en ese afán de perfección imposible... se consumen vivas mientras su cuerpo, su mente y sus familias mueren con ellas.


Tu historia muy plástica MARU... terrible, pero tan bonita como todas las que cuentas cielo.


Un beso grandísimo cosa bonita..

Por si me voy... y me lio más de lo necesario te dejo mil besos hasta septiembre... que sigas disfrutando de los tuyos, de tu cabeza, de tus cosas y de todo lo que te ponga a tiro la vida que espero hagas y disfrutes como esa niña pequeñita que sigues siendo mi querida MARU.


Muaaaaaaaaaaaaaaaaaksss a miles mi cielo...


Hasta septiembre.

Chus dijo...

Pero bueno Maru: Como se te ocurren estas historias!!!.

Que bien narrada y que descriptiva!!

Menudo sufrimiento para esos padres.

Mentiras, muchas mentiras, eso me ha hecho recordar a alguien, no por anorexia pero si por otro tema. Que doloroso es!!

Un besazo

Ricardo Musso dijo...

Querida MARU.

A mi gusto, excelente tu relato de las vivencias de una joven obsesionada por alcanzar la imagen que caracteriza a una categoría de mujer que solo vive en los cuentos de niños, en el imaginario popular: una Princesa.
Imagen de exuberancia, de belleza, de perfección que, al igual que la imagen que ella busca en el espejo y que jamás logrará, en la REALIDAD, no existe!

No soy un experto en los llamados Trastornos de la Alimentación, pero los pocos casos que he recibido por solicitud de la familia, los he tratado de la misma manera que a los conocidos como Trastornos Obsesivo Compulsivo (T.O.C.).
El paso esencial en este tipo de trastornos, es el reconocimiento por parte del paciente de que las ideas obsesivas que promueven sus conductas – ya sean ritualísticas o alimenticias – son ABSURDAS. De no producirse esta aceptación, no hay avance.

Claro está que hace unos años atrás no existían estos medios cibernéticos en los que puedan encontrarse con otros que padecen las mismas ridículas conductas y que se ufanen por practicarlas, como es el caso de esos grupos de Anas y Mías (de los que supe de su existencia gracias a vos).
¿Te imaginas qué sucedería si para otro tipo de trastornos neuróticos severos se formaran redes sociales donde otros, con las mismas “taras”, aplaudan y ponderen a quienes se han lavado más veces las manos en un día, o barrido el living hasta quedar rendidos, o más veces han pensado que eran portadores de un cáncer o que morirían de un accidente cerebro vascular; y se los felicitase por ello y estimularan a continuar por ese camino?..., los terapeutas que sabemos cómo tratar esos problemas “estaríamos en el horno”!...jajaja.

Podrías decirme que ese tipo de problemas no llevan a la muerte de quienes los padecen, sin embargo, arruinan la convivencia con el entorno afectivo cercano como sus familias de origen, o la que ellos conformaron con marido (o esposa) e hijos. Y no son pocas las ocasiones en que, cuando en esta última situación esos afectos deciden separarse y dejarlos solos, como último recurso para resolver el conflicto, se suicidan.

Bueno, basta de lata!.
Felicitaciones por tu entrada!.

Besos.
Rik

Ana Tapadas dijo...

Relato bem construído sobre um problema que marca os nossos tempos. Ligado ao post anterior dá-nos a dimensão do mundo em que vivemos.
És excelente pessoa Maru!

bj

San dijo...

Por desgracia Maru esta enfermedad afecta cada dia a chicos y chicas cada vez más jovenes, hablaba un artículo que la edad ronda los diez doce años, terrible. Aunque se puede convivir con ella con un tratamiento adecuado. lo deseable no padecerla.
Un abrazo.

MARU dijo...

Queridos amigos, Ana, Rik, Chus, Maria, lelé, Javier y Luisa. Lo primero, y como siempre, gracias por comentar.
Hace poco, buscando unas fotos para el post, puse en el buscador "princesa" y aparecieron una serie de blogs en donde hablaban del problema que cuento más arriba. Los ojos se me pudieron como platos.Conocía la bulímia y la anorexia, pero tal como dice Rik, no sabía que hubiera foros y blogs dónde se alentaran, e incluso se dieran trucos y formas para ser así, permanecer así y engañar a los padres. Incluso decálogos de las buenas Anas y Mías que así se llaman a sí misma.
Lo primera vez que lo vi, acudí a la policía de delitos en la red y denuncié a algún blog, por miedo a que ni@s pudieran tener acceso a ellos.
Pero aunque la policia me indicó que habían recibido mis denuncias, luego indagando más, vi que lo que hacían era cerrar los blog, pero no borrarlos de internet. Así que siguen inactivos; me imagino que con los miles de client@s que tienen abrirán con otros normes, pero su testimonio sigue vivo.
Un besito a todos y gracias nuevamente por los comentarios,

Belkis dijo...

Por desgracia esta es una triste realidad. Chicas que en su loco empeño por mantenerse delgadas enferman hasta estos extremos. Como padres debemos estar muy atentos a cualquier señal porque tratados a tiempo sus vidas se pueden redirigir. Muy bien logrado Maru.
Te dejo un abrazo y mi cariño

Amig@mi@ dijo...

Hola Maruja.
Qué gusto encontrarte también por aquí.
Yo ahora estoy de blogaciones, o sea parando un par de meses de bloggear, pero pronto volveré. Lo echo de menos.
Un abrazo grandoteeeeeeeeeeeeeeeee