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jueves, 1 de septiembre de 2011

LOS JUEVES LITERARIOS - esta semana, DESCRIBIR...



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Estoy sentada en la mecedora de mi jardín. Una brisa fresca, releva al calor sofocante de un caluroso día de verano. Miro mis manos apoyadas en los reposabrazos y veo en ellas la imagen de las de mi madre.
Las manos de mi madre...
Recuerdo que cuando ya ella era mayor, me gustaba acariciarlas. Eran de piel transparente, aunque dejaban ver en su superficie unas manchas que denotaban el paso de los años.
Me gustaba mucho acariciarlas, tenerlas entre la mías. Eran de una suavidad única. Cómo si jamás hubieran tocado nada, cómo si no tuvieran ni huellas digitales.
Manos que yo sabía y había visto trabajar; coser, cocinar, limpiar, planchar, pintar, rascar, pulir, fregar, empujar, apoyar, ayudar, proteger, cuidar, mimar, acariciar, sustentar..., y que sin embargo, ahora, parecía que estuvieran aún por estrenar.
Seguramente el tiempo y el uso continuado en llegar a todo, a tanto, las había ido desgastando; y yo no me había dado cuenta.
Seguramente eran el fiel reflejo de lo que estaba pasando en su corazón también. A fuerza de tanto usarlo, cada vez se hacía mas delicado, sensible y vulnerable a lo externo; y yo no me había dado cuenta.
Seguramente por eso esas largas miradas, a veces ausentes; esos silencios..., y yo no me había dado cuenta.
Sí, se me están haciendo las manos como las de mi madre; y ahora, sí me doy cuenta...

26 comentarios:

Chus dijo...

Bonitos recuerdos que traes sobre tu madre. Yo también me acuerdo mucho de ella, de sus manos, de sus pies, de cuando estaba enferma, etc.... Yo también a veces al verme un fotos me veo muy muy parecida, sobre todo según van pasando los años. Mis manos no son como las de ella, pero mis pies cada vez mas clavados.

Besos

San dijo...

Maru realmente un canto al más sincero y generoso amor. Tan dulce tan tierno, tan emotivo. Manos que sustentan, que acarician, que esperan... Me llenan tus letras de ternura.
Un abrazo sabiendo que tus manos son identicas a las de tu madre.

Goathemala dijo...

Preciosa descripción, en realidad las manos de tu madre, y las nuestras se van asemejando a ellas, están llenas de vida, erosionadas del tiempo que precisamente tanto estragos hace en otras zonas y sin embargo se muestra benevolente con el tacto, dejando unas tersas manos casi de porcelana con el paso del tiempo. Tu texto me recordó a las manos de mi abuela.


Un abrazo.

Natàlia Tàrraco dijo...

Me acuerdo de las manos de mi madre y las de mi padre que eran muy hermosas...
Las manos hablan siempre.
Nuestras manos expresan el camino del tiempo.

Bella evocación que comparto, besitooos.

Manuel dijo...

Que buen homenaje a tú madre, las manos dicen que reflejan mucho de una persona y como bien dices nunca pensamos en que al igual que van cambiando con el tiempo, tambien cambia el corazón.
Repito, precioso homenaje.
Un beso

maria jose moreno dijo...

Se me han llenado los ojos de lagrimas y se me ha encogido el corazón ante las tierno recuerdo. El dia 31 de agosto hizo 30 años que perdí a la mía cuando ambas eramos jovenes, demasiado, ella apenas 60 y yo 23. Tu relato me ha llevado hasta sus manos y las he sentido en mí. Me duele pero lo agardezco.
Un besazo por estar ahi.

rosa_desastre dijo...

Yo puedo disfrutar aun de las manos de mi madre por las que han pasado ya 93 años...imaginate que cofre de caricias, sensaciones y conocimientos me transmiten.
Un beso

Juan Carlos dijo...

Maru, PRECIOSO. Es un recuerdo precioso, recuerdo las de mi madre, también iban suavizándose, transparentandose. ¿Como su corazón? Pues ahora que lo dices, si.
Maru, muy bonito.
Besos.

javier dijo...

qué bonito homenaje, juer, me has puesto la piel de gallina con ese final
monstruaaaa que eres una monstruaaa

Atalanta dijo...

…y yo no me había dado cuenta.

Estamos en un mismo sentir Maru, ahora con el paso del tiempo y de su tremenda ausencia, yo también me cuestiono ¿Por qué no me di cuenta?.

Hoy permíteme que te quiera un poquito más.

Besos apesadumbrados

MARU dijo...

Querida Chus. Aparte de la genética, creo que queda en nosotros un poso importante, aparte del físico. Los gestos, el movimiento,para eso estuvimos en su seno, ¿no?
Un besito, querida amiga.

MARU dijo...

San, He dicho alguna vez que mi madre pasó por la vida y se marchó como era ella; de puntillas, sin grandes alaracas.
Pero dejó un gran recuerdo. Con eso me conformaria.
Un besito

MARU dijo...

Goathe, recuerdo perfectamente una foto que pusiste de unas manos de mujer; creo que eran las de tu abuela. Me he acordado muchas veces de ésa foto. Quizás de ahí salió este relato.
Un besito.

MARU dijo...

Natália, gracias pues por compartir esa evocación conmigo. Me alegro de haberte despertado esos pensamientos tan cariñosos hacia tus padre-
Un petó ben gran.

MARU dijo...

Gracias, querido amigo Manuel. Hay tantas cosas de las que no nos damos cuenta cuándo pasan, luego, una imagen nos las devuelven. Nuestro corazón también seguro que se vá marcando con los mismos acontecimientos.
Un besito.

MARU dijo...

Maria José. Mi madre se marchó el dia 4 de julio del año pasado. Pero creo que da igual, el tiempo no borra la huella de sus caricias y la sensación de amor.
Siento haberte puesto triste.
Un besito, querida amiga.

MARU dijo...

Rosa, cariño, no te prives de ninguna caricia, ningún roce, ni ninguna palabra... es un tesoro que te dá la vida.
Enhorabuena a las dos.
Besitos

MARU dijo...

Juan Carlos, amigo mío. Me alegro de haber despertado esos recuerdos tan entrañables... y gracias por tus palabras siempre tan gratificantes.
Besitos

MARU dijo...

Javier... ¿Y tú me llamas montruaaaaaaaaaaaaaa? Venga ya...
Besitos, amigo.

MARU dijo...

Querida Atlanta: Pues no nos dimos cuenta porque así gira la rueda de la vida..Pero bueno, lo podemos recordar con mucho cariño.
Un besito gordo, gordo.

Pepe dijo...

Pulidas, desgastada su superficie a fuera de vivir, de ejercer su oficio de madre, sin duda el más hermoso que existe, las manos son el mejor exponente de su amor infinito y creo que para tí y para cualquier madre, debe ser un orgullo que tus manos vayan asemejándose a las suyas, aunque eso signifique el largo camino recorrido.
Precioso homemaje a tu madre, Maru.
Un abrazo.

alfredo dijo...

A mi también me enamoran las manos.
Por como son y por lo que son.

Las de tu relato son la vida misma. ¿Qué más se puede pedir a unas manos?

Besos

Ricardo Musso dijo...

Querida MARU.

Hermoso escrito cargado de nostalgia y ternura.
A mi gusto cumple ampliamente con la consigna de este jueves pasado.

Se me hizo tarde para pasar a comentar aunque ya había pasado antes a leer.
Ojalá no lo sea tanto como para que no alcances a ver vos y tus visitantes este video que quiero dejarles de un canta-autor argentino de nombre Peteco Carabajal con una canción que le dedicó precisamente, a las manos de su madre. Se los recomiendo.

Las manos de mi madre

Besos y gracias por pasar a comentar por mi sitio.
Rik

María dijo...

Sinceramente mi MARU...

No hay nada tan cierto que eso que dice...
Ni se entiende, ni se valora a una madre ¡¡ hasta que uno lo es!!


El tiempo pasa para todos, mirando al pasado quizá nadie pueda reprocharse mil cosas que debió hacer y no hizo, se idealiza a los que queremos y ya no están, se siente uno minúsculo comparado con lo que han sido y hecho otros... pero yo creo que aunque comparar nos da una referencia de a lo que debemos aspirar y mejorar en lo posible... uno es uno y sus circunstancia, ni tu madre, puede comparase a ti, ni tu vida a la de ella... esa manchas, siempre que no aparezcan en le corazón...hasta te dan un toque afroi-ndú jajaja...


Que te quiero bonita y tranqui, te lo acabo de decir en mi blog... si todo está bien...no pasa nada, pasa cuando puedas... yo a veces por mucho que quiera, no puedo...jamás habrá problema alguno por eso...ni por nada, conmigo;-)



Muaaaaaaakss a miles y ¡¡muy feliz semana MARU!!

Steki dijo...

Qué lindo, Maru! Me trajiste a la memoria las bellas manos de mi madre. Yo no las heredé. Las heredó mi hermana y mi hija mayor, Isa.
Gracias por compartir tus recuerdos y refrescar los míos. Besines.

Verónica Marsá dijo...

Pocas caricias y no sé si algún bes he tenido de la mía, al menos desde que recuerde... pero ahí están sus manos todavía y lloro al pensar en ellas, tan viejitas.

Beso.